Pasar un fin de semana en casa de la familia puede ser divertido para las personas y muy desconcertante para un gato. Los gatos se apoyan mucho en los olores y en los rincones que conocen. Por eso, más que comprar una cama nueva, conviene llevar la suya. Una cesta con el olor de casa hace más fácil cada noche.
Elige la cesta o la manta en la que el gato duerme normalmente y no la laves antes de salir. Su propio olor es lo que más lo tranquiliza en un lugar extraño. Añade un juguete conocido o una prenda tuya que huela a ti. Todo eso cabe fácilmente en una bolsa y cambia mucho el ánimo del gato.
Un rincón seguro en casa ajena
Al llegar, coloca la cesta en un rincón tranquilo, lejos de la puerta y del paso de la gente. Un lugar apartado, quizá bajo una mesa o detrás de un sillón, le da sensación de refugio. No lo obligues a salir ni a dejarse ver, porque necesita tiempo para explorar a su modo. Deja que sea él quien decida cuándo acercarse.
Explica a tus familiares que el gato necesita calma al principio. Pídeles que no lo cojan en brazos ni lo persigan para hacerle caricias, por mucho cariño que sientan. Si el gato se acerca por su cuenta, entonces sí pueden saludarlo con suavidad. Esa paciencia se agradece con creces al segundo día.
Antes de que el gato salga de la cesta a curiosear, revisa ventanas, balcones y puertas de la casa. Un gato en un lugar desconocido puede asustarse y buscar una salida. Lo más seguro es dejarlo unas horas en una sola habitación con la puerta cerrada. Después puedes ir abriendo espacios poco a poco.
Al volver a casa, coloca de nuevo la cesta en su sitio de siempre y déjala igual unos días. Así el gato recuperará su ritmo sin sobresaltos. Llevar su cama es un gesto pequeño, pero le hace sentirse acompañado en cualquier sitio. Con ese detalle, el fin de semana será más agradable para todos.