A muchos gatos les encanta subirse a un lugar alto desde el que pueden vigilar toda la habitación. Desde arriba ven quién entra y qué ocurre abajo sin tener que participar. Esa vista les da seguridad y tranquilidad, sobre todo cuando en casa hay mucho movimiento. Ofrecerles un sitio así es una manera sencilla de mejorar su día a día.
Observa dónde suele subirse el gato: una estantería, el respaldo del sofá o una ventana. Si ya tiene un sitio favorito, hazlo más cómodo con una manta o un cojín. Si todavía no lo tiene, despeja una estantería o una parte de un mueble estable. La estabilidad es lo más importante, porque un mueble que se mueve asusta al gato.
Subir y bajar con seguridad
Comprueba que el gato puede llegar hasta arriba sin dar saltos peligrosos. Un escalón intermedio, como un taburete estable o un pequeño mueble, hace el camino mucho más fácil. Retira adornos frágiles, velas y objetos que puedan caerse al pasar. También conviene que el suelo de abajo esté libre para que baje sin obstáculos.
Coloca el lugar alto cerca de una ventana, si es posible, para que el gato pueda ver la calle, los pájaros o el jardín. Muchos pasan largos ratos mirando afuera, y eso les entretiene. Cuida solo de que la ventana esté bien cerrada o protegida, para evitar cualquier accidente. Un mirador seguro vale más que cualquier juguete.
Si en casa conviven varios animales, procura ofrecer más de un lugar alto. Así cada uno puede tener su propio mirador y evitar disputas por el mejor sitio. Los niños deben entender que el gato no debe ser molestado cuando está arriba. Basta con explicárselo una vez con palabras sencillas. Allí se siente protegido, y ese sentimiento hay que respetarlo.
Con el tiempo, el gato usará su mirador a diario y lo hará suyo. Es posible que descubras que cambia de sitio según la hora y la luz. Observarlo te ayudará a entender qué le gusta y qué necesita. Un gato que puede mirar desde arriba suele estar más sereno y curioso en su hogar.